Dios Padre aparece en la tapa encendiendo un fósforo, y ya adentro lo vemos un instante antes de hacerlo, en medio de la oscuridad y sintiendo olor a gas: el texto de arriba informa que en 1947 el científico George Gamow suscribió la teoría del Big Bang (o gran explosión como origen del Universo). Es uno de los tantos hechos –aniversarios, fechas diversas, momentos clave por distintos motivos– de los que a su manera ha ido dando cuenta Daniel Paz desde que, en 1992, empezó a publicar, primero en el suplemento «No» de Página/12, y luego en «Radar», su columna F. Mérides Truchas, para explorar, según declaró alguna vez, fuera del terreno de la actualidad política y de paso volcar su pasión por los temas históricos y de ficción.
Claro que quien los repase ahora reunidos en este primer tomo verá que la actualidad no está nada ausente, además de disfrutar el agudo humor y la extraordinaria calidad de los dibujos. Se esté más o menos de acuerdo con los enfoques que el autor da a algunos de los temas, lo que seguro no se puede es no poner a funcionar activamente el pensamiento cada vez que uno se encuentra con ellos, y siempre con una incontenible sonrisa.
Daniel Freidemberg
en el periódico Acción n° 1020, febrero de 2009
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Paz y humor
Desde hace años, Daniel Paz crea hechos tan verosímiles como la realidad para retratarla con una agudeza cándida y a la vez corrosiva. La historia argentina, Dios, el rock, Internet, el cine iraní: nada escapa al largo tentáculo de las F.Mérides Truchas cada domingo en Radar. Por eso, para celebrar la aparición del primer libro que las recopila, Daniel Paz aceptó dibujar una F.Méride de F.Mérides.
Entre las tantas teorías sobre el humor, y las hay tantas, una apunta eso del contraste entre lo que debe ser y lo que termina siendo. Teóricamente, esta subversión de lo normal, este rábano por las hojas, es lo que llama a la risa. Con Daniel Paz podría hacerse al menos el corolario de que la crítica gentil en formato surrealista resultó tener una potencia fabulosa. Paz nunca levanta la voz en lo que hace, pero lo que hace termina inolvidable, perfecto como un cristal, potente. El tipo –que es peladito, vegetariano y bicicletero como un holandés– es un genio apacible, un Matt Groening que todavía no hizo los Simpson y es del barrio.
Las Efemérides nacieron hace añares, cuando todos tenían pelo, en Página/12 de los domingos. Paz se salía del chiste de la tapa, a cuatro manos con Rudy, para hacer viñetas fuera de lo cotidiano. De a poco empezaron a aparecer series temáticas, cosas que había que recortar e ir pegando para ver qué surgía. Por ejemplo, la lectura demencial de ese libro tan extraño, la Biblia, en clave porteña. Lo que terminaba poniendo al pueblo elegido en pleno desierto, guiado por señales misteriosas que sólo Moisés podía interpretar. En el último cuadrito, los israelíes miraban azorados un caño blanco y negro que surgía de la arena, con una chapa que decía Corrientes y otra que decía Pasteur. Moisés, sereno, les decía que “tranquilos, que vamos bien”. Estos disparates terminaron con formato y nombre propio.
Si el surrealismo pasa por una máquina de coser sobre una mesa de disección, la variante local es que sea una Singer, que sea la de la abuela y que comparta la mesa con mate, bizcochitos y Mafaldas. Este primer libro de F. Mérides Truchas comparte plenamente esta receta: Dios iniciando el Big Bang porque huele a gas en la oscuridad y prende un fósforo para ver mejor, error digno de Villa Luro. O Charly García como modelo antidrogas policial. O el increíble cuento de cómo nació la izquierda peronista del amor de una alpargata y una nota al pie.
Como Paz es argentino, es dueño de una tradición inexplicable de talento de primera agua. Este es, después de todo, el país de Quino y Fontanarrosa, de Oski y Crist, de Copi y Cognini, una nación mágicamente dotada para el humor gráfico. Poncho en mano, el autor se mete entonces con Bill Gates –un nerdo cornudo– y con el Papa, con el asesinato de Lennon y el Guernica de Picasso. El resultado es ese deleite de traer todo acá a la vuelta y de explicar que el psicoanálisis llegó a Buenos Aires en 1580, en una nao llamada la Melanie, tripulada por barbudos que traían divanes.
Sin exagerar, el humor es una señal de identidad porque los chistes se hacen sobre cosas que todos entendemos. Son específicos de un grupo, una contraseña amada como la lengua. Lo que explica que el norteamericano más afincado se sienta sapo de otro pozo porque en estas pampas nadie entiende Doonesbury. O que el éxito de los Pitufos sea una aberración misteriosa para todo el que no sea belga. O que tantos argentinos que viven por ahí anden convencidos de que Internet se inventó para ver los chistes de Paz.
Es una peculiaridad que tenemos que agradecer. Que la ironía gentil de Paz se nos contagie y no nos pille el lado maraca de la Fuerza.
Sergio Kiernan
en Página/12, 30 de noviembre de 2008
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Lecciones de humor ironí
Desde hace más de veinte años –los que tiene este diario–, Daniel Paz (más Rudy, claro) inaugura el día arriba, a la izquierda de la tapa de Página/12, con un chiste. Es un chiste de coyuntura –las coyunturas son algo que suele doler–, que remite a los sucesos y personajes que trata la tapa, que pueblan las páginas interiores: sobre todo la política, la economía, esas cosas que se supone son tan importantes (fíjense hoy/ahora mismo, vaya, espíen del otro lado) y que en realidad lo son sólo en tanto y en cuanto atendamos a ellas como síntomas de nuestra común enfermedad: vivir equivocados. Sólo el humor pone las cosas en su lugar.
Porque es sabido (pero no vivido) que verle el aspecto ridículo o patético a aquello que nos preocupa, que tomarse en joda lo aparentemente trascendente, es una receta existencial mucho más saludable y realista que observar el entorno o mirarse el ombligo con aire solemne. Lo que hace a nuestra singularidad, lo que nos hace especiales (de especie) es, además de la aparente e infinita vocación de autodestrucción, la capacidad de reír, de tomar distancia incluso de nuestro propio dolor e intereses, de vernos de afuera (de eso se trata) y de (elegir) reír por no llorar.
Por eso siempre he sostenido (acaso mirándome al espejo) que prefiero a la gente que arranca leyendo el diario por atrás o por los bordes temáticos, que mira primero la tabla de posiciones futboleras que el precio del dólar, las cotizaciones de la Bolsa o el perverso Riesgo País. Indica que tiene la cabeza ocupada por cosas más saludables, que tienen que ver con el juego y la pasión, y no con el interés o el cálculo. Y si tuviera que ir más lejos y elegir entre todos los lectores, me quedaría con el que arranca por los chistes, por el humor. Suele ser uno de los pocos lugares donde campea la inteligencia.
Claro que depende también de los diarios y de los humoristas de que se trate. Esto es Página/12, no otro medio. El hecho de que cada día lo tenga a Rep acá arriba desde siempre para cerrar, abriendo el sentido de la historia con una moraleja que no se deja (un diario es un cuento) y que los proponga a Daniel + Rudy en el comienzo y arriba, como una estampilla de correos, indicando el sentido de la lectura y dando el tono –como un director de orquesta que marca el rumbo, las claves (“Clave de Ja”, decía el gordo Jaunarena) a seguir durante toda la ejecución– es un dato no menor. Este diario, por mérito de quienes lo concibieron a fines de los ochenta e hicieron su originalidad, fue el primero de los matutinos “serios” en poner el humor en el arranque, en la tapa, en el chiste y en el concepto general del tituleo sobre una imagen trabajada por la sana manipulación y la ironía más o menos salvaje. Valga el mérito, la prioridad, a los gestores y a los actores que inauguraron un cómo diferente.
Todo viene a cuento y festejo de un libro memorable en que Daniel Paz reúne parte –parte infinitesimal– de un tipo de laburos, una serie en la que sólo en apariencia maneja otros códigos que los que rigen sus chistes diarios a cuatro manos: F. Mérides Truchas se llama. El título ahora editado por De la Flor es conocido por sus (nuestros) lectores desde hace años como la sección periódica en que, con el pretexto de la evocación de un suceso seudohistórico, Paz dispara para cualquier lado. “Dispara” en el doble sentido: “le pega a” y “se raja para”. Y él siempre sabe a quién le pega y a dónde va. Pero nosotros, los lectores, no. Y eso es lo bueno: F. Mérides Truchas es un paseo por la historia, la cultura, el saber y las creencias universales que sólo exige al paseante dos condiciones: cierto grado de información para compartir complicidades, cierto grado de locura para disfrutar el despropósito.
Todo sirve y todo vale para Paz. Puede ser a partir del Dios Padre gatillando el encendedor que provocó el Big Bang; de un Evo flequilludo y quinto beatle; de los ignotos humoristas Hermanos Engels; de Hussein participando de la cena anual de la sociedad TMPA (Tipos muy Parecidos a Alfonsín); de un Einstein que emploma charlando del tiempo en el ascensor; de un empeñoso Valdemar Correa que trazó todas las laboriosas rayas de Cancha Rayada y al que un granadero, tras el cruce de los Andes a caballo, le pide que le dibuje la suya... o –finalmente– a propósito de una campaña de Greenpeace que, ante la evidencia de que la masculinidad humana está en peligro –productos químicos, cáncer de testículos, menor cantidad y calidad de los espermatozoides–, lanza la campaña save the porongs, con afiches de simpáticos pitos saltando cual delfines entre las olas...
Pero donde acaso Daniel llega más lejos (y más cerca) es cuando hace humor sobre el oficio de hacer reír, se muerde la cola y el lápiz. Un caso es el de Melchor Peluffo (Melchi), humorista patriota que inventa chascarrillos para desmoralizar a las tropas españolas con chistes de gallegos, y el otro son los impagables, imperturbables, hieráticos Rael & Pedro, maestros reconocidos del humor ironí (sic), chascarrillos con doble, triple o ninguna vuelta de tuerca. Uno se estaciona donde quiere. En eso, como en todo en el libro de Daniel Paz, hay libre elección.
Total, como se consigna a cada rato, “Moriremos, todos moriremos”. Así nos lo recuerda a los gritos un personaje recurrente, Bernardo, el copo de nieve angustiado. Qué más.
Juan Sasturain
en Página/12, 17 de noviembre de 2008
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Daniel Paz es uno de los dibujantes más prolíficos y, a la vez, con perfil más bajo del ambiente local. Colaborador en una miríada de revistas, es dueño indiscutido con su cofrade Rudy del chiste de tapa de Página/12, y responsable dentro del mismo diario de una tira en el suplemento de humor gráfico Sátira/12, de ilustrar la sección Universidad y de las F.Mérides Truchas, en el suplemento Radar. Por si no bastara, también tiene su propia página web, y un blog Webujos, en la que publica animaciones y chistes inéditos. Pero es justamente su tarea para Radar la que convoca la charla con Cuadritos, pues tras más de diez años de publicadas, las celebradas F.Mérides fueron recopiladas por Ediciones De La Flor.
El tomo de 96 páginas fue largamente esperado por los incondicionales de Paz, pero recién vio la luz ahora por una combinación de factores, según explica su autor. En primer lugar, el formato original de las F.Mérides en el Suple No (espacio juvenil del matutino): “una tira vertical, muy angosta, muy larga y muy comprimida”. Paz recuerda que dibujaba la tira del ancho de una página “y después salía publicada a siete centímetros de ancho”. Por ese motivo “meterlo en un libro implicaba la reformulación total de la tira, había que rehacerla y era un trabajo muy ambicioso que durante mucho tiempo no estaba en condiciones de hacer”, recuerda. El paso de la tira al suplemento dominical Radar trajo un cambio de formato: pasó a ocupar media página y con ello se allanó parte del camino.
“Además –relata– empecé a descubrir con alarma en los últimos años que muchas de las historias que yo había hecho aparecían en los trabajos de otras personas”. Paz adjudica esto a “la dinámica de un diario, uno publica y al día siguiente ya es historia antigua”. Tener su trabajo materializado en un libro, asegura, aporta “un pequeño registro”.
Paz señala dos orígenes para esta parte de su trabajo, por un lado, la necesidad de “salirse” del humor de actualidad y, por otro, “todo un universo de cosas que llevaba dentro y no tenía dónde volcar”, pero sobre todo la “necesidad de contar historias”.
“Siempre me gustó contar relatos sobre temas históricos, de ciencia y personajes que tengo dentro”, cuenta y asegura que el formato de las F.Mérides para eso “es fabuloso porque están narradas desde un futuro muy lejano y eso me da una libertad total para contar situaciones que se dieron en Grecia Antigua o el año 2040”.
Por las F.Mérides circula una galería de personajes tomados tanto de la realidad mediática como de la imaginación fértil del autor. Así, aparecen historias sobre Dios, los Beatles, Evo Morales, Thom Yorke, Penélope Cruz, Helmut (el musulmán rubio), Bernardo (el copo de nieve angustiado), Karl Marx o Gustavo Cerati.
Justamente el miembro fundador de Soda Stereo es uno de los personajes más recurrentes del universo Paz. Con él no sólo revela su costado rockero, sino que además el dibujante mantiene “una relación compleja”. “Siempre fui seguidor de Soda, pero luego él inició la carrera solista no me gustó, incluso me daba bronca que un tipo que había tenido que ver con ese trío que me había dado tantos buenos momentos estuviese haciendo esa música que me parecía aburrida”, cuenta.
¿Qué cambió? “El tiempo pasó y cambió el rock, que parece haber perdido la mística y tenés a todos los rockeros haciendo cumbia. Cerati no cayó en eso, cosa que sí le pasó a Calamaro, a la Bersuit. Por eso hace poco hice una tira mezclándolo con Soy Leyenda, en la que Cerati es el único sobreviviente de un mundo post apocalíptico en que todos son cumbia-zombies y él es el único que no se contagió con la peste, él y su perro Bowie, y canta canciones de Spinetta que a los cumbia-zombies los destruye”.
La influencia de la cultura también puede verse en otra de sus creaciones recurrentes: Pedro y Rael, los “genios del humor ironí”. Humoristas de culto, Paz señala que ambos llevan implícita la idea de la crítica de arte. “Son dos tipos que hacen humor malo y cuando los ves no sabés si estás ante una genialidad o una pedorrada. Esa línea incierta es la que ellos explotan y conquistan al mundo”, describe.
Los personajes, cuenta, surgieron junto al boom del cine iraní en nuestro país, unos siete u ocho años atrás. “Yo nunca había visto nada y leyendo esas críticas decidí alquilar algo y lo que veo me parece horrible, una de las peores películas que vi en mi vida: estúpida, sin guión, con malas actuaciones, berreta”, rememora. Pero le dio otra oportunidad, con idéntico resultado, “y ahí me puse a pensar cómo puede ser que siendo tan malo tenga esa respuesta de crítica tan favorable”. De la mano del ascenso del cine iraní, iba lo que él llama “humor tonto”. “Uno de los exponentes más llamativos de ese fenómeno era Cha Cha Cha, que uno lo miraba y decía ¿pero qué es? No me reía con Cha Cha Cha, pero sí con algunos pasajes que después dieron lugar a Todo X 2 pesos”.
Pero como a Caseros, Capusotto y tantos otros humoristas de distintos medios, los años le han permitido a Paz crear un universo de personajes dinámico, con múltiples atractivos, pero también con conciencia del papel que le toca jugar. De sus otros personajes y su labor como humorista y único dibujante argentino que ilustra las tapas de un diario nacional, habla en la segunda parte de la entrevista.
Andrés Valenzuela
en Cuadritos, periodismo de historieta, 2 de noviembre de 2008
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F.Mérides Truchas es la tira que Daniel Paz viene publicando desde 1992 en el diario Página/12. En esta primera edición el autor logró reunir algunas de sus memorables piezas humorísticas.
Suele decirse que una de las tantas funciones del humor es ver las cosas desde otro lado y mostrarlas en forma contundente. El libro F.Mérides Truchas de Daniel Paz no escapa a la regla sino todo lo contrario, la enaltece desde la sencillez y son los dibujos los que le dan total libertad a Paz para contar relatos sobre temas históricos, de ciencias y personajes abordando el gran desafio de la risa.
Las F. Mérides Truchas hace años que vienen apareciendo en el diario Página/12, donde Paz publica sus ilustraciones, y en este libro logró recopilar parte de sus trabajos más algunas yapas. Para los seguidores de estas viñetas, es un lujo tenerlas a todas juntitas en un libro que brinda la sana posibilidad de pasear libremente y detenerse en donde a cada lector se le plazca.
Es así como podemos encontrar en el libro a Cristobal Colón buscando sponsors que quieran anunciar en las velas de sus carabelas, Baltasar Valente el ingeniero del lenguaje convocado por el pentágono para diseñar un insulto que ayude a combatir al comunismo, Federico Nietzche llendo a una reunión de consorcio, Helmut el musulman rubio explicándole a la conducción de Al Qaida que es el fútbol, Einstein hablando del tiempo con un vecino en el asensor, la aparición de un quinto Beatle que toca quena y siku y los infaltables Pedro & Rael genios del humor ironí son tan solo -por mencionar- algunas de las creaciones reunidas en esta primera edición.
Amerita decirlo: las F.Mérides Truchas de Daniel Paz son ventanas abiertas que dimensionan cada rasgo de la época que cuentan. Con trazos irónicos y sutiles están listas para provocar un verdadero respiro que -sin pizca de evasión alguna- agregan oxígeno para repensar y/o recordar las cosas y por sobre todo, desde una certera complicidad, para hacernos reir y sonreir.
Vale la pena conseguir un ejemplar y tenerlo a mano. Y sino "ante cualquier duda consulte a su librero"...
Laura Flores
en Dossier Cultural, marzo de 2009
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