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Acá
quiero rendir homenaje a mis maestros. A los que, sabiéndolo
o no, me enseñaron las cosas
de este oficio que elegí.
Ellos,
que llegaron antes que yo, fueron abriendo el camino que
hoy transito y con su trabajo y amor, hicieron del mundo
un lugar un poco más tibio y con más sentido.
* Para
empezar, quiero agradecer a mi padre, que me transmitió
el amor por los libros y en cuya biblioteca descubrí
mundos maravillosos.
* A
Lino Palacio, ilustrador de las tapas del
Billiken que me deslumbraban siendo chico.
* A
Roberto Veiga, uno de los mejores diseñadores
gráficos argentinos, que me enseñó
a usar la rotring y a perseguir mis sueños.
* A Roberto Fontanarrosa, el gran humorista rosarino
que despertó mi vocación. Viendo sus chistes
en la revista Satiricón, un día me dije "yo
quiero dedicarme a esto".
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* A
Chuck Jones, creador de Bugs Bunny y otros personajes
que nutrieron mi humoridad.
* A
Rius, el gran dibujante y divulgador mexicano.
* A Hermenegildo Sábat. Vi
por primera vez sus dibujos en el diario La Opinión
y años más tarde pude estudiar dibujo en su
taller.
Aún hoy, cuando no me sale la cara de algún
personaje público, recurro a sus caricaturas como
quien va a las fuentes del saber.
* A
Landrú, uno de los patriarcas del humor argentino.
Sus chistes de actualidad, absurdos
y delirantes, fueron determinantes en la formación
de mi estilo.
* A
Quino, el Lennon y MacCartney del humor argentino.
A todos
ellos, que aportaron a la formación mi ADN creativo, muchas
gracias
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